“Yo no regalo nota, dijo mi maestra el primer día”

Publicado por Pamela Ferreira Diciembre - 10 - 2008 - Miércoles

M. Aguiar

Patricia tiene 30 compañeros en el 6º año de la escuela N° 63. De ellos, tres dejarán de estudiar, seis se inscribirán en la UTU, y los demás irán al liceo. Ella es una de las mejores alumnas de su escuela. Su mamá está empleada en una casa de familia, su papá está incapacitado para trabajar. Patricia piensa que el perfil de su maestra ayudó al grupo a pasar de grado, pero las maestras están seguras que el cuidado que pone la niña en su vida escolar, proviene más que nada de los valores que le impartieron sus padres.

Patricia Bentancor, una ado-lescente de 12 años, estudiosa y buena compañera, fue una de los muchos escolares que portó la bandera en la ceremonia de fin de cursos. Jessica Barrera, una niña castaña, atenta y muy apreciada por sus compañeros, la recibió de sus manos. Ambas alumnas tienen unos carnés de los que sus padres pueden sentirse orgullosos y muchas otras cualidades.

El cuidado que ponen en sus estudios no tendría demasiada relevancia, excepto para padres y docentes, si no fuera porque la escuela Cincinatto Bollo, a la que concurren, se encuentra en la Cruz de Carrasco, un barrio de contexto crítico. En esa zona de viviendas humildes sobran problemas en los hogares y faltan manos levantadas en los salones de clase. La inquietud, el desinterés, la rebeldía y en algunos casos puntuales la violencia, suelen ser los protagonistas de las aulas.

“En mi clase somos 30 niños, dice Patricia, pero el rendimiento es desparejo, somos pocos los que participamos y tenemos buenas notas como para pasar de año, Hay algunos muy inteligentes, pero tienen problemas familiares…”.

En la escuela de Patricia, las niñas son más aplicadas que los varones, más atentas y obedientes. Esto lo dice Gladys, su madre, que mientras habla, se lleva las dos manos a la cabeza. “El año pasado fue tremendo. La maestra no podía con la vida de los varones. Unos infiernos. Hasta se la pasaban llorando las maestras de las cosas que le hacían… Este año cambió.”

Las reglas del juego. Según Patricia, gran parte del éxito con que la maestra condujo su grupo, se gestó el primer día, cuando se presentó ante la clase diciendo que ella impondría las reglas y los niños deberían respetarlas. “El primer día dijo: miren gurises, acá se viene a trabajar, a mí me respetan como yo los respeto a ustedes. No pienso regalarle el pase a nadie. Se lo va a ganar el que lo merece. Nos dejó a todos con la boca abierta”, dijo Patricia, todavía sorprendida con el cambio de conducta de sus compañeros. Ella aceptó de buen grado tener una maestra rigurosa porque la clase funcionó mejor.

Patricia entra a su escuela a las 8.00 y sale a las 12.00. Va derecho a su casa y acompaña un rato a su padre. Pasa la tarde en la Fundación Don Pedro, donde comparte juegos y apoyo escolar con casi 360 niños. Según su madre, la presencia de la Fundación fue fundamental en el esmerado desarrollo de Patricia. Evidentemente, la actitud de sus padres también contribuyó positivamente en el comportamiento de la niña.

LAS CHARLAS CON PAPÁ. La mamá trabaja en una casa de familia, el papá está imposibilitado. La familia crió seis hijos, pero ahora en su casa sólo queda Patricia, la menor. “Mi papá me habla mucho de lo importante que es estudiar para forjarme un futuro, siempre me tira para adelante”, dijo.

En la escuela explican que Patricia y Jessica reciben mucha atención de sus familias. “Tienen buenos referentes, hogares felices, bien constituidos, con escala de valores”, dijeron.

Cualquiera podría preguntarse cómo se ubican dentro de un ambiente escolar que no siempre está orientado hacia el estudio. “Todos me felicitaron cuando recibí la bandera. Incluso aquellos que pensé que nunca iban a hablarme, vinieron a felicitarme. Tengo buenos compañeros”, dijo la niña.

En la escuela, las noticias son gratas. Manifiestan que existe una mejoría social en el barrio. La misma se observa en la atención que los padres están poniendo en sus hijos.

Los niños llegan prolijos, con cuadernos, lápices y cartucheras. Opinan que los planes sociales y el trabajo privado están empezando a dar resultados.

Perfil

Nombre:

Patricia

Bentancor

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Nació en:

Montevideo

Edad:

12 años

Profesión:

Alumna de 6º año de escuela

Otros datos:

Tiene cinco hermanos independientes. Ella vive con sus padres.

El futuro de patricia

Ni abogada, ni diputada. De grande, Patricia aspira a estudiar peluquería y tener su propio instituto de belleza, aunque también le gustan las

matemáticas y la historia. Durante los cursos, se aproximó a la historia del Uruguay y le interesó la personalidad de Batlle y Ordoñez. Por ahora lee poco. “Acabo de leer un libro de 150 páginas”. En la escuela le proporcionan los libros. Sus padres aportan cartucheras, lápices, cuadernos y demás útiles. Ella los cuida como un tesoro, porque sabe el sacrificio que hace su familia para comprarlos. “Este año usé tres cuadernolas. No arranco una hoja ni por decreto”, dice la niña, que aunque tiene buenas notas, desconfía de su talento. “Vamos a ver cómo me va en el Liceo…”.

Fuente original:

http://www.elpais.com.uy

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