Cuento para niños: “El olvido”

Publicado por Adelfa Martín mayo - 23 - 2010 - Domingo

No es de extrañar que a sus 87 años cumplidos, D. Aureliano Garza tuviera nietos pequeños, pues ya bien entrados los 60 Abriles le había nacido una hija, la cual tenía a su vez dos, niño y niña. Los otros, los de sus hijos que nacieron en sus años mozos, eran ya adultos.

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Era costumbre que a eso de las 6 de la tarde, poquito antes del oscurecer, se sentara afuera en el porche en su vieja mecedora, a refrescarse un poco, pues en ese pueblo bien llamado El Olvido, los días de calor se sucedían uno tras otro, sin que se avizorara la mas pequeña nube que les diera ni un resquicio de alegría o esperanza de que caerían aunque fueran cuatro gotas de lluvia. Y eso… ¡desde cuando!, decía el viejo.
¿Como era en su juventud abuelo?, los niños esperaban que el comenzara a contar, pues siempre tenía historias increíbles, algunas tan fantásticas, que a los chamacos les parecía que el “abue” las inventaba.
Ah no, eso era bien distinto…Cuando yo era un peloncito así como Uds., por estas tierras no dejaba de llover ni un solo año, es mas, a veces era demasiada el agua, tanto, que una vez se nos ahogò el ganado. Ese año el río se salió de su cauce y llegó hasta acá, hasta el potrero chico, donde habíamos guardado parte de una pequeña punta que teníamos, y la mortandad fue enorme. Yo recuerdo haberme despertado poco después de la media noche por un estruendo que al principio no supe de donde venía, y comencé a llamar a mi taita…¡taita…taita!, algo pasa, además los perros empezaron a ladrar desesperadamente, aunque no intentaban salirse, imagino porque reconocían el peligro.
El caporal que dormía en la troje, ya se había despertado también y cuando llegamos a la puerta, lo vimos corriendo con los peones hacía el potrero. Cuando nosotros alcanzamos a llegar, ellos ya habían abierto las trancas, pero algunas reses especialmente becerros, pues teníamos varias vacas recién paridas, se habían ahogado y otros pisoteados por las que querían salir en estampida. Fue una pérdida enorme, ya que además arrasó con la siembra de maíz y frijol. Pero cosas como esa ya quedaron en el pasado, pues ahora, ni para remedio…
¿Y porqué ya no tenemos ganado abue?, preguntó el chamaco. ¿Tu ves arriba, el cerro pelado ese?, si le respondió, la montaña roja…si esa, bueno pues hace poco…unos 30 años (los niños se miraron con picardìa), todavía quedaba algo de verde, alguos enormes árboles y muchas plantas medicinales, donde por cierto iba yo por ellas por lo menos dos veces al año acompañando a mi abuelo, que sabía mucho de eso.
Un buen día comenzamos a ver pasar camionzotes enormes cargados de madera, los cuales bajaban especialmente de noche, y algunos de los vecinos que antes sembraban no solo para su sustento sino incluso para vender en el mercado, ahora estaban dedicados a la tala clandestina, porque les dejaba mas dinero que pelarse el lomo de sol a sol arando y sembrando…y rezando también, para que bien fuera por mucha o poca agua, o alguna plaga, no les acabara con las cosechas. Así se ganaba el dinero más fácil. Pero sucedió que en su ignorancia, no eran capaces de ver que estaban acabando, no solo con su medio de vida, sino con el de todos nosotros.
Hubo muchas denuncias, incluso metieron presos a unos cuantos, pero todo el mundo decía que a los merititos de arriba, a los que de verdad se estaban enriqueciendo con la venta de esa madera, a esos nadie los conocía…o nadie se atrevía a señalarlos, pues tenían palancas pesadas…Lo cierto es que con el paso de los años, como jamás se reforestó, pues a ellos solo les interesaba el ahorita…comenzó a dejar de llover y como pueden ver, ni una milpita con lo mas indispensable sembramos, pues para que…si sabemos que se va a secar, si es que nace.
Este pueblo ya está muerto, y casi vacío, pocos vecinos quedan. La mayoría malbarató la tierrita por dos pesos y se fueron a la ciudad…a pasar necesidades, ¡digo yo!
Nunca mejor que ahora le ha quedado que ni pintado, el nombre al pueblo…El Olvido, pues ni quien regrese…
ADELFA MARTÍN

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