
Te observé que escondido me mirabas
encasquetado y elegante tu sombrero
y al fijarme en tus ojos verde claro
vi el amor que generoso regalabas.
Al buscarte ya cercano el mediodía
no te pude encontrar …¡cómo lloraba!
más que nada porque todos se reían
diciéndome que de seguro yo soñaba.
Sueño no fue, apuesto una fortuna.
Los botines pareciéronme muy tiernos
y tus orejas que son tan puntiagudas
adornabas con aretes muy modernos.
De repente, escondidito en una hoja
encontré tu guante azul que me indicaba
que volverías a curarme mi congoja…
Que solo yo pudiera verte me encantaba.
Mi duendecillo de amor como te quiero
a partir de estos momentos mi secreto
si ser grande significa que te pierdo
niña me quedaré, te lo prometo.
Esto es lo maravilloso de la infancia
el poder ver en vivo nuestros sueños
que lástima crecer, pues la arrogancia
ciegos nos vuelve, y lo hace con empeño.














